Esto deberia haberse publicado tal dia como el 14 de Noviembre del 2010


Dejamos la ciudad de Chiang Mai para adentrarnos en la selva al norte de Tailandia, aprovechando tambien para conocer alguna tribu de la zona como para practicar deporte.

El viaje comienza visitando el parque natural de mariposas, apenas estuvimos 30 minutos aun así me dio tiempo a hacer alguna fotografía con la lente fija.



Lo más emocionante de la mañana iba a ser que conoceriamos a la famosa tribu de las mujeres Jirafa, tribu que todos hemos visto en la television. Me parecio curioso donde estaba su poblado, porque no estaba resguardado del sol en los arboles, simplemente estaba en un terreno arido con un calor sofocante. El guia nos explico que son tribus nomadas y que a lo largo de los años van “bajando” hacia Bangkok (a unos 750km). Aún así decir que me parecía algo prefabricado todo ese escenario, parecia como si estuviesen esperando a los turistas para ofrecerles sus artesanias.








Tras la tribu nos llevaron a un mercado para la gente thai en el que pudimos ver más variedad de productos que en otros mercados. Aproveche para comer algo y me decidi por una especie de bolas de crema de coco con cilantro sobre unas hojas que hacian de recipiente, realmente buenas
y baratas (10 thb 6 unidades).


Este es Sam, nuestro guia por la selva es un Jungleman originario de esta zona y en todo momento nos explico muchisimas cosas de la selva. Aprendimos como detectan si va a haber algun terremoto simplemente mirando unas determinadas plantas, o que es lo que utilizan si se hacen una herida sangrante para cortar la hemorragia. Un tipo la mar de interesante a la vez que risueño.


El grupo estaba formado por 2 escoceses de unos 50 años (pasaditos), 2 hermanos alemanes, Owen un ingles que lleva 3 meses viajando solo y nosotros. Junto con Sam nos adentramos en la selva rumbo un poblado que estaba en lo alto de una colina, nos esperaban 3 horas de “sufrimiento” (para mi era un placer).





Aproveche para pegarme un baño en una mini-cascada ya que estaba totalmente sofocado por el calor, realmente era duro por el calor pegajoso asi como por el terreno arcilloso.


La foto que sigue es nuestro “hotel” en el poblado de Phatong, un sitio realmente mágico y donde te das cuenta que el esfuerzo de la caminata está totalmente recompensado. Sam nos explico que nos haría la cena y que comeriamos totalmente tailandes (bien!!!) y que si queriamos podriamos echarle una mano y aprender la forma que tienen de cocinar (sin electricidad, ni vitroceramicas, ni microondas…).






Como ya habia un grupo de cocineros, aproveche para dar una vuelta por el poblado y me di cuenta que era un sitio totalmente ajeno al tiempo. Los niños no van a la escuela y lo que saben lo saben de sus mayores, nos explicaron tambien que dan muchisima importancia a la familia y que siempre permanecen juntos.








La cena ya estaba lista y comimos todos juntos en el “porche” bajo las estrellas y con 2 velas que descubrian uno y mil sabores por descubrir. Ya con el estomago lleno aproveche psra ser el primero en irme a la cama, dejando al equipo cantando canciones.



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